Las páginas han muerto ¡viva la numeración de páginas!

8 Feb
“Citations have always been symbolic,” Mr. Rankin says. “I don’t think I need symbolic anymore. I want an actual link.”

Desde hace ya años la Modern Language Association y otros grupos profesionales dedicados a la investigación y la presentación académica escrita de sus hallazgos se encuentran en la encrucijada de cómo citar adecuadamente otros medios tecnológicos que no sean el libro. Si bien se ha ido estableciendo la necesidad de citar el soporte concreto tras la referencia, a lo que se añaden especificaciones diferentes si lo que citamos es una película, un libro, una revista, etc., el asunto de los libros electrónicos comienza a causar cierto pánico según crece el número de material disponible por este medio. ¿Por qué? La paginación deficiente, inexistente, o cambiante debido al método que siga el dispositivo. Esto afecta, lógicamente, a la imprecisión con que se cite un pasaje.

Si bien el problema es comprensible, no deja de resultar irónica esta manera de domesticar un medio –el digital– que funciona con otras reglas, otros métodos de localización. Y es un problema a medias. Por un lado, me parece curioso que la precisión bibliográfica respecto a la citación por página atiende, en un caso claro de logocentrismo impreso, a lo publicado en códice, es decir, a libros y revistas, pero apenas se incide o al menos se practica en marcar el minutaje exacto de ciertas referencias a películas o archivos sonoros. Simultáneamente, la creciente posibilidad de encontrar archivos textuales en la red en formato diferente al códice, sin el uso de paginaciones y sin numeración de párrafos, crea la alarmante confusión ante la situación de que algunos libros electrónicos, sustitutos ya y aspirantes o ocupar el trono académico de autoridad, carezcan de paginación adecuada o estándar. Pero paginar un libro electrónico, cuya composición textual depende de una caja móvil y en constante fluidez dependiendo de la pantalla que la acoja, no parece ser ya la técnica más adecuada si lo que queremos es localizar una cita en él. Porque en realidad, la mejor manera de localizar una cita es el acceso a la cita misma.




El objetivo de una paginación en una edición impresa es la localización rápida de un pasaje dentro de un artefacto tecnológico denominado códice que funciona dividido en espacios llamados páginas y bloques de texto denominados capítulos (con otras diversas divisiones menores) referidos en la tabla de contenidos o índice. Así nace la mayor virtud digital del libro analógico, su acceso no secuencial a grandes bloques del contenido. El estatismo del texto en esa disposición espacial en hojas que sin embargo son móviles y se pueden pasar permite su paginación continua. Pero esta misma sería inútil en un documento audiovisual, que se desarrolla en un espacio fijo pero de flujo continuo, sólo divisible por la sucesión de sus tiempos perfectamente programados. En un lector de libros electrónicos, que usa una pantalla como espacio fijo tanto para el flujo variable de un video como para el estatismo de un texto impreso, aún se disculpa el interés por paginar dado que al remediar en cierta manera la composición de una página, identificamos pantalla por página. Pero en el fondo esto carece de una perfecta funcionalidad por una sola razón: si amplío la letra de mi dispositivo, la puesta en página se altera y una página deja de serlo para convertirse en más, y ya no concuerda la segmentación de mi página con la de las páginas del libro (qué esquizofrenia y aberración conceptual). Hay que adecuar el fin al medio: si quiero buscar algo, en un dispositivo digital, o voy al índice hipertextual para dirigirme a una sección concreta, o uso el buscador con las primeras palabras de la cita que busco, en vez de buscar la página y luego el fragmento dentro de las varias páginas de mi página. Es más: probablemente si cito algo es porque antes lo he meditado y he seleccionado el texto, con lo que una anotación digital es suficiente (si bien aún son imperfectos los sistemas) para ligar la cita con su texto, y por tanto, esa información la tengo ya guardada. 

Volviendo al afán por la precisión –que es lo que mueve no sólo a los académicos, sino al interés muy diverso en el avance continuo de los buscadores y de la web 3, 4, 5.0– lo que sí es realmente necesario es crear un sistema que nos permita enlazar (silenciosamente a través del propio documento textual etiquetado) no sólo un sitio web, o una página dentro de ese sitio, sino el lugar exacto donde empieza mi cita, donde se empieza a leer el texto al que me refiero, donde veo la viñeta concreta del comic, donde comienza el diálogo de mi secuencia audiovisual. Donde yo quiera en un sistema interconectado cuyo acceso no es analógico en su concepción. En la red sólo veo dos opciones: o citamos todo documento en general (la URL del libro, del video, la canción, el documento) y usamos luego un buscador tras nuestra cita a ciegas; o mejor, citamos en particular, directamente enlazados al punto que nos ocupa del documento en cuestión. Esto último necesita atención y desarrollo, especialmente porque no podemos depender sólo de iniciativas como la del New York Times, que son muy limitadas y que hay que llevar a cabo manualmente y contando por uno mismo el párrafo que se quiere enlazar. En los vídeos Youtube tiene un sistema similar para enlazar e incrustar videos a partir de un momento dado, pero no para acotar el fin de la secuencia deseada.

Curiosamente Kindle, cuyo software no usaba paginación alguna, acaba de dar marcha atrás en su segmentación de sus libros por localizaciones, que por cierto daban una precisión cercana a los versículos bíblicos y sin duda de mayor alcance que la paginación. A partir de ahora vuelve a las páginas, siguiendo la edición impresa, al parecer por petición popular. Es cierto que en los grupos de lectura, si unos tienen el libro físico y otros el digital, lo tienen más difícil para ponerse de acuerdo, pero eso demuestra que no se usa debidamente el buscador del Kindle. Y también que sólo leen libros nuevos, porque lo difícil realmente es encontrarse cuando varias personas tienen ediciones impresas distintas de un mismo libro y la paginación no hace sino más que confundir…

Pero la cuestión sigue en pie: el hilo digital de la citación en la web queda aún pendiente de sí mismo, y parece que aún no nos atrevemos a pasar página en este asunto. ¿Cuándo será?






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